Luego de cuatro días en Copenhague, un viaje en tren de cuatro horas hasta la ciudad Aalborg y varias horas en la Casa del Estudiante (Studenterhuset) para confirmar mi llegada, recibir información práctica (muy necesaria) e importante, y ese deseo -cruzando los dedos- de encontrar una habitación disponible para mí, era el momento -al fin- de llegar a cama y aceptar: esto es Dinamarca.
Ya no estaría mamá para cocinarme después de salir de clases, tampoco mis tres hermanos -que a pesar de no conversar mucho con ellos, se vuelven parte fundamental de tu vida-, tampoco esas salidas nocturnas con los cuates, ni esas visitas a la abuela los fines de semana.
Exacto, mi vida había cambiado. Yo así lo quise.
Y los cambios los notas día a día. Tan sólo el hecho de ir a la tienda se vuelve algo completamente diferente.
Mientras en mi natal Colima, yo tenía la tienda al otro lado de mi casa. Acá, el minisúper más cercano está a 2 kilómetros, unos 20-25 minutos caminando, y se llama Fakta.
Fakta es una de las tiendas con los precios relativamente más bajos -quizá sólo después del llamado "Netto".
Llego al minisúper, un silencio profundo está presente. Cuatro largos pasillos y sólo hay dos o tres personas más comprando. Se alcanza escuchar el 'bip' de la caja al cobrar, mientras yo me detengo frente a los panes. ¿Cuál compro? Sí, el más barato. De todos modos, no hay Bimbo.
Me sentía sorprendido del silencio como de funeral que estaba en la tienda, pero por lo menos eso me hacía sentir relajado y sin prisa para comprar.
Atrás de mí estaba algo -aparentemente mexicano- ¡unas tortillas! Sí, tortillas de harina. Ocho tortillas por 13 coronas danesas, es decir, unos $30 pesos mexicanos. Unas buenas quesadillas no pueden faltar en la dieta.
¿Cuál queso? El más barato, evidentemente. Ahora vamos por jamón. Pero... ¿cómo se dice jamón en danés? Veo muchos paquetes, el nombre no se asemeja nada al inglés o español, por lo que a simple vista tenía que adivinar. No me equivoqué.
¿Y la Coca? No, no venden. O por lo menos no es un producto principal; hay más espacio para vinos y cerveza que para bebidas sin alcohol. Tomé el primer refresco de naranja que vi ¡qué importa la marca! Lo más importante es el precio. 13 coronas por un refresco de 2 litros es lo más barato que podía encontrarme.
Al final, casi escondida, estaba la Coca Cola de 1.5 litros. Con el gran precio de 25 coronas danesas, es decir, unos 60 pesos mexicanos. Definitivamente no.
Cada paso que daba entre los pasillos del súper, se convertía en una larga observación sobre los productos frente a mí. Intentando descifrar su nombre y pensar si podía cocinar algo con ellos (que lo más probable era que no pues de cocina no sé nada). La espera de duplica cuando ves el precio y lo conviertes en pesos mexicanos, ¡está carísimo! Vuelvo a pensar: no hay de otra mas que comprarlo.
El momento de pagar. No hay bolsas de plástico como las que te dan de a montón en Walmart o Soriana, sino hay bolsas de plástico resistente de un tamaño considerable. Claro, éstas bolsas tienen su precio, por lo que es recomendable sólo comprar una o dos y reutilizarlas cada vez que vayas a la tienda. Su precio son de unas 5 coronas danesas, es decir unos 12.50 pesos.
Y hablando de estas bolsas de plástico, en donde evidentemente te obligan a entrarle a la cultura de 'reciclaje' o 'reutilización' de los materiales. Ocurre algo similar cuando compras un líquido. Si quieres pagar por una lata de refresco, una botella de refresco o cerveza, en caja se te cobra además un "depósito" por el envase que llevas. Cuando lo decidas, puedes regresar a la misma tienda, o cualquier otra, para regresar la botella y recibir tu depósito. Así pues, se evita que el plástico o metal de los envases queden en la basura pues ahora sabes que eso significa hasta 3 coronas danesas (7 pesos) por cada botella.
Salgo de la tienda, han pasado dos horas, para mi primera compra como todo un señor de la casa.
Ahora -tres meses después- no tardo más de media hora. Ya sé dónde y qué marcas comprar para ahorrar lo más posible.