¿Expectativas genéticas?: La expectativa de que la vida nos producirá felicidad está en nuestro ADN, por eso tenemos sustancias productoras de placer. Albert Pesso, Psicoterapeuta e investigador.
Expectativas, expectativas y más expectativas… Si que el tema me ha pasado por la mente muchas veces en este intercambio, porque claro que esta aventura al ser tan esperada no podía más que tener muchas expectativas sobre cosas que descubrir, que hacer, sobre aprendizajes y personas por conocer, y creo que se han cumplido bastante bien, para nada que me he decepcionado de lo que me ha pasado por este país.
Pero este tema no viene aquí porque vaya a contar mis expectativas de la vida, sino porque al parecer juega un papel muy interesante en lo que hace especial a la cultura danesa. Si bien como dice la cita al principio hay afirmaciones que nos guían a creer que el tener expectativas es algo completamente natural, y para algunos como al fundador de Wal-Mart, Sam Walton, “las expectativas son la llave para alanzarlo todo”.
Sin embargo los daneses, han desafiado esa postura y demostrado resultados que van en contra a la idea de que la prosperidad en una sociedad esté atada a que ésta espere muchos resultados, o mejor dicho que espere tener los mejores resultados de todos. Para poner más claro el asunto, después de las repetidas ocasiones en que Dinamarca quedo clasificado como el país más feliz del mundo, el término causó mucho revuelo y el interés de investigadores, antropólogos y periodistas de profundizar más en el tema. Y la conclusión fue que además del sistema de bienestar (que subsidia y asegura los servicios de salud y educación de todos entre otras cosas), y el alto nivel de igualdad, uno de los papeles más importantes para obtener el puesto del país que se siente más feliz, más satisfecho, es justo la expectativa, la baja expectativa danesa. La mejor manera de ejemplificar esta actitud es que si los daneses no hubieran obtenido ese primer lugar sino el quinceavo, seguramente dirían: ah pero si eso no está nada mal, es un buen lugar. En contraste fue curiosos ver reportajes de televisoras estadounidenses en las que los reporteros hasta casi se sentían ofendidos de que su país no sea el más feliz, que no sea el mejor, muy seguramente por esa visión de que todo se trata de una constante competencia con el mundo por tener más, ser más que los demás.
Y los daneses así lo demuestran cuando no se avergüenzan de guerras y territorios perdidos, no tratan de esconder para nada las derrotas. Pero hay que aclarar que no significa que sean conformistas o indiferentes con cómo funciona todo, pues han crecido con un alto estándar de vida y les importa conservarlo; el punto es que no están obsesionados por tener más y más, en crecer, en competir para ser mejor que los demás. El punto es que les importa que la vida sea buena, que pueda trabajar en lo que te gusta, ganar de manera justa y tener tiempo para estar con los amigos, no se preocupan en ser una potencia del mundo, ni en conquistar lugares ni personas.
De esta manera, a pesar de vivir en uno de los países menos religiosos del mundo, los daneses serían buenos seguidores de Bhuda por seguir su recomendación de que la vida es mejor entre menos te concentras en tener cosas, así como viviendo en el presente y no en el anhelo de un futuro en el que tienes de premio la felicidad. No tener grandes expectativas genera estabilidad, seguridad y satisfacción en esta sociedad porque uno de los problemas con las expectativas es la tendencia a que cuando alcanzas un punto ya no te sientes satisfecho y quieres llegar más lejos, así si por ejemplo tener un 9 en un examen te hizo feliz en un semestre, para el siguiente no te sentirás contento con lo mismo, sino que la expectativa será al menos tener un 9.5. Un estudio de la universidad de Chicago, por el sociólogo Yang Yang, encontró que nuestra felicidad crece en sentido a nuestro crecimiento de edad, quizá mucho por las bajas aspiraciones y la manera más positiva de aceptar más fácilmente lo que se tiene. Es así que desde esta perspectiva, hay que ser muy cuidadosos con las expectativas, que de alguna manera pueden convertirse en un círculo vicioso en el que por más que avances y logres nunca te sientes satisfecho ni contento con lo que tienes.
A pesar de estar más rodeado de un ambiente internacional que de uno únicamente danés, puedo respirar la tranquilidad y seguridad local, la satisfacción… debates si los hay e ideas de cambios, pero las cosas en general están muy bien y no se siente alrededor una necesidad de tener más… de tener más dinero, de tener más autos, de tener más casas, de tener más dinero. Y esto hace que a pesar de que uno siente aquí la globalización al mismo tiempo pareciera que vamos en sentido contrario a lo que el mundo capitalista donde el que más tiene, es “más feliz”.
La cosa viene cuando imagino aplicar este concepto a México, porque a diferencia de Dinamarca mi país amado tiene realidades pintadas de gran desigualdad de oportunidades, con millones de personas en pobreza, una educación para obedecer, con una violencia que se desbordó y un sistema de organización y poder que está podrido, hundido en un egoísmo que colapsa todo. En ese contexto me parece muy difícil no tener expectativas altas… porque no se busca el exceso, sino que se necesita esa expectativa alta, tirarle alto para tener al menos lo básico. Un país que si sea libre, justo, pacífico, democrático y sustentable.
Si bien para una sociedad desarrollada las expectativas pueden llegar a ser contraproducentes, llegaba a la conclusión en una charla reciente con un amigo, que las expectativas más dañinas son las que ponemos en las relaciones interpersonales ya sea con familia, novios, amigos, etc. Porque además de generar presión a esas personas que queremos y valoramos, se corren también grandes riesgos de decepción. Entonces para este aspecto lo mejor parece ser actuar de una manera más “danesa” y dejar que las personas nos sorprendan, y si que diré que aquí he reconfirmado que es una de la mejores sensaciones que cuando menos lo esperas pasen cosas grandiosas y que te marcan. Pero de esa charla en un antro en la calle “Jomfru Ane Gade” de Aalborg también profundizamos que al final de ti mismo es la única persona de quien puedes tener reales expectativas ya que siempre seremos la persona a quien más conocemos con sus debilidades y fortalezas. Mi expectativa: ser mejor día con día, ser plenamente feliz integralmente pero también ayudar a construir un mundo donde sea necesario esperar más, porque todos gocemos de las libertades, justicia y paz que nos merecemos.
Nelson Aldape
Referencias y más información:
En inglés- http://opinionator.blogs.nytimes.com/2009/07/19/lowered-expectations/
Reportaje sobre la felicidad y expectativa en Dinamarca http://www.youtube.com/watch?v=4ToXXFQEbE8
